Más de una década de estancamiento económico ha perfilado erróneamente a Japón como una nación en decadencia. La reciente inauguración de la Skytree Tower de Tokio, sin embargo, es un ejemplo concreto de la fuerza y dinamismo que se gesta en el centro de la sociedad japonesa. Conozcamos algunas características de este nuevo ícono de la industria japonesa y los logros que representa para su poderío económico.
Los trabajos para erigir la Skytree Tower en el distrito de Sumida, al noreste de Tokio, comenzaron en plena crisis financiera, a mediados del 2008. La obra alcanzó los 634 metros en marzo del 2011, con lo que quedó registrada como la torre más alta del mundo y la segunda estructura más alta después del rascacielos Burj Khalifa de Dubai (830 metros). Ese mismo mes, el terremoto y tsunami que sacudieron a Japón, forzó la suspensión de las obras, abriendo paso a la especulación apocalíptica frente a uno de los desastres geofísicos más violentos que haya golpeado a sociedad alguna. Dos meses después y sin aspavientos, las obras en la torre reanudaban el mismo esfuerzo que involucró la participación de más de 58 mil trabajadores.
Pero más allá de los récords y proezas arquitectónicas, la Skytree Tower está siendo vista por analistas como una prueba de la verdadera dimensión de la economía nipona. Más que un símbolo de grandeza o un refuerzo para la sicología de líder que dormita en la sociedad japonesa, las dimensiones de la Skytree Tower se justifican por la demanda real que genera el continuo desarrollo y transformación de su economía, y ese es un dato duro para los economistas. La función principal de la Skytree, es simplemente reemplazar a los 333 metros de la antigua Torre de Tokio (1958), que dejó de transmitir señales digitales al ser sobrepasada en altura por otros edificios circundantes que crecían a pesar del acusado estancamiento económico.
Aún antes de que se pusiera la piedra fundamental de la Skytree Tower, el autor James C. Abbegglen (1926-2007), uno de los occidentales más respetados en el análisis de Japón, nos daba cuenta de la capacidad de implementar reformas y de mantenerse a flote que despliega la economía japonesa. En 21st – Century Management, New Systems, Lasting Values (Edit.Palgrave Macmillan, 2006), accedemos a un análisis minucioso de la transformación que ejercitaron las corporaciones niponas para adaptarse a lo que se ha denominado una “economía madura con bajo o nulo crecimiento”. Las empresas que pueblan el rubro de la electrónica, por ejemplo, habían terminado en el 2006 un largo y delicado proceso de fusión y reconversión, descartando también el peso extra acumulado en aquellos productos en los que Japón no tenía asegurada la supremacía en el mercado mundial. En vez de forzar un crecimiento a costa de beneficios sociales, las empresas se reconvertían para triunfar en una economía que dejó de crecer por motivos estructurales.
Tanto para los edificadores de la Skytree como para Abbeglen, la modernización de las estructuras y las corporaciones japonesas está lejos del estancamiento económico que se acusa superficialmente en los medios occidentales. Aunque ya no puede volver al segundo lugar que ocupara por 40 años hasta febrero del 2011, Japón pretende mantener el tercer lugar en la economía mundial después de China y Estados Unidos a costa de eficiencia y enfoque.
Propiedad de la Tobu Railway Corporation y de cinco empresas de telecomunicaciones terrestres bajo la dirección de la NHK, la única corporación pública de radiodifusión de Japón, la Skytree da mucho más que señales de televisión. Su fachada blanca y su imponente altura, han dado vida al comercio de Sumida con cientos de tiendas, restaurantes y museos en el vecindario. Fuera de eso, se espera que genere fondos por 1000 mdd anuales, una cifra aún superior a los 800 mdd que costó edificarla.
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