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Portal Asia Pacífico - Biblioteca del Congreso Nacional
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Intentar describir el presente de las vinculaciones entre América Latina y Asia es una tarea extraordinariamente compleja, considerando que estamos refiriéndonos a dos mundos extremadamente diversos intra y extraregionalmente, no solamente desde el punto de vista de la cultura, sino también desde su geografía, sus procesos políticos, económicos, su realidad social y demográfica.

En esta columna (ver texto completo), intentaremos referirnos a la situación actual de las relaciones entre América del Sur y México (éste último se entiende como parte del Nafta, aunque también es miembro pleno del Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico) con aquellos países que han tenido tradicionalmente y están teniendo hoy una mayor presencia en nuestra región, esto es, Japón, China y Corea, para intentar delinear algunas ideas en torno a la posibilidad de profundizar vinculaciones que en el siglo XXI serán vitales. Esto, debido a la tendencia que se vislumbra en el mundo de las relaciones internacionales desde la unipolaridad a la multipolaridad y en donde países de la región asiática ya están adquiriendo una gravitación cada vez más relevante en términos económicos y geopolíticos ( China, Corea, Asean y en el mediano plazo India). No es nuestro propósito solamente de carácter descriptivo sino más bien analítico, desde una perspectiva integral, que abarque aspectos más allá de las relaciones económico-comerciales. El objetivo del presente artículo es además presentar algunas ideas respecto de cómo estas dos regiones tan disímiles podrían converger, considerando la gravitación que está adquiriendo Asia no solamente desde el punto de vista económico, sino también político y cultural, en un escenario internacional cada vez más interrelacionado, en plena globalización. Este es quizás el mayor desafío que se le presenta a nuestra región en la actualidad.

Los primeros contactos
 
La perspectiva histórica nos indica que  entre América Latina y Asia existieron siempre contactos físicos y comerciales, desde que el imperio español se expandió a Filipinas y a la Cuenca del Pacífico. El historiador Sergio Villalobos señala que fueron los españoles los que trazaron las rutas definitivas entre los contactos entre América y Oriente, con el  descubrimiento del Estrecho de Magallanes en 1520, para llegar posteriormente a Filipinas. La colonización europea en Oriente fue difícil por el carácter eminentemente comercial de las actividades y por “la ausencia de un verdadero arraigo que no favoreció en nada el desarrollo dinámico a través del Pacífico. España  procuró mantener aisladas sus colonias americanas del Pacífico, para preservarlas del ataque  de otras potencias y asegurar el flujo de plata de Perú y México” (1).
 

De esta manera,   la vinculación entre estas distantes regiones surge  fundamentalmente desde el ámbito  privado, con los comerciantes que intercambiaban productos entre ambas regiones: oro y plata desde México a cambio de la seda de Manila y especias y en donde se utilizaba como medio de transporte el Galeón de Manila, buque de la Armada española. Y cuando los países latinoamericanos lograron su independencia, ya existía un tráfico privado habitual entre América Latina y Asia, con China Filipinas y la Indonesia holandesa. A ellos se sumaron el tráfico con Australia, Nueva Zelandia y las colonias francesas en el Pacífico. Se trataba de comerciantes y armadores privados cuyas estaciones navales los protegían de posibles abusos. Fueron los privados los que comenzaron y dinamizaron este comercio desde sus inicios. El sector público de los países que se independizaron en la región, no mostró mayor interés en tener relaciones diplomáticas durante el siglo XIX con países del Asia (2).

 

A mediados del siglo XIX, el auge de las plantaciones y la escasez de mano de obra disciplinada condujo a que se desarrollara un tráfico de “culiés” o trabajadores chinos, con un contrato forzoso durante ocho años, que vinieron a Cuba,  islas del Caribe,  Perú y posteriormente pasaron a Chile, una vez libres de sus contratos, en donde si bien no se mezclaron con los connacionales, porque se le mantenía marginados, sí recibieron un mejor trato, lo que incluso los llevó a

colaborar con la guerra del Pacífico (3).

 

Posteriormente, en el siglo XIX y XX una segunda inmigración japonesa viene a Perú y a Brasil donde en un comienzo, tampoco se mezclaron con los habitantes locales,  aunque se dedicaron a pequeñas actividades industriales, comerciales y los japoneses ayudaron a desarrollar la agricultura en Brasil. Interesa destacar que las vinculaciones siguen siendo preferentemente entre privados y sin mayor conocimiento entre mundos tan diversos, porque no existía  mayor interés por ambos lados, limitándose al comercio. Los países de América Latina estaban concentrados principalmente en sus relaciones entre ellos, con Europa y EEUU. El mundo asiático no era percibido como relevante porque desde el siglo XVI en adelante, eran las economías del Atlántico las que dictaban el curso de la historia hasta bien entrado el siglo XX. A ello se añade la lejanía, los altos precios de los fletes marítimos, las diferencias culturales que de una manera u otra generaban desconfianzas y falta de conocimiento (porque tampoco existía interés en ello), son factores que contribuyen que hasta el siglo XX no hubiese una relación transpacífica estructurada, no existiendo políticas definidas desde al Asia hacia América Latina ni viceversa.

  
El siglo XX: La era del Pacífico
 

 En el siglo XX, los intercambios comerciales y político-diplomáticos se acentúan a partir del crecimiento industrial de Japón y luego, con el resto del Asia se siguen realizando sobre la base de un intercambio de   minerales y textiles por parte de América Latina y de autos y productos electrónicos desde el Asia, situación que hoy se mantiene en términos de exportación de “commodities”  de América Latina aunque por parte de Asia, sus exportaciones siguen siendo productos industrializados pero más diversificados (4) que abarcan incluso  productos textiles y manufacturados  (China).

 

América Latina y Chile en particular,  retoman los vínculos cuando en el último cuarto del siglo XX  el centro neurálgico de las actividades económico-comerciales, militares, financieras y políticas, se traslada desde el Atlántico hacia el Pacífico. Influyen en ello procesos históricos como la emergencia de Japón como la segunda potencia económica mundial, tras su recuperación desde la Segunda Guerra Mundial  con  el apoyo de EEUU, su aliado y las transformaciones económicas que inicia en China Deng Xiao Ping en forma visionaria, con el inicio de las cuatro modernizaciones que están llevando al país en la actualidad al status de potencia: apertura económica, desarrollo de la ciencia y la tecnología, modernización de la defensa y desarrollo de la agricultura y de sus espacios costeros e interiores. A ello se  agrega el fenómenos de la globalización, que ha tenido como consecuencia que  el comercio de bienes y servicios en porcentaje se ha ido incrementando a tal punto que, según datos de la OECD, los intercambios de Asia -importaciones y exportaciones- duplican a los de Norteamérica (14,0% Asia, 7,2% EEUU y 7,1% la UE en 2007). Asia , liderada por China e India, será en el próximo bienio, los motores de la economía mundial.

 

Hasta 1986, el comercio de América Latina había sido fundamentalmente con Japón (dos tercios de las exportaciones latinoamericanas al Asia eran hacia la potencia nipona) aunque posteriormente la relación comercial se amplía hacia todos los países del Asia, aunque siempre con América Latina como proveedora de bienes primarios y  desvinculada de la importancia que Asia ha ido adquiriendo como generadora y protagonista del comercio internacional, con una China emergente como poder mundial. Las inversiones hasta el día de hoy, son bastante incipientes, siendo Japón en la década de los noventa el que las inició en el área de recursos naturales (minería). Ellas no han sido significativas debido a las distancias geográficas, a la ausencia de reglas claras en América Latina para la inversión y a procesos políticos inestables, salvo Chile, que sin embargo es un mercado pequeño de sólo16 millones de habitantes.

 

 En consecuencia, no ha existido en América Latina una política deliberada hacia el  Asia, siendo ésta de carácter circunstancial, aunque ya señalamos que  Chile escapa a esta regla general. Este país fue pionero en este proceso, por razones de aislamiento político y económico durante el gobierno militar, iniciando en la década de mediados de los setenta un proceso de apertura económica unilateral, luego bilateral y finalmente multilateral, que lo llevó a delinear una política de Estado de largo plazo hacia el Asia, proceso que fue acompañado de apertura de misiones diplomáticas en dicha región. No obstante ya existían anteriormente visiones en ese sentido de la Armada de Chile y de Centros de Estudios, lo que sin duda contribuyó a dicha política. Dejando las circunstancias políticas de lado, resulta importante destacar que a Chile le favoreció en su aproximación  al Asia, el proceso de apertura interna de su economía, concretamente éste  fue fundamental,  así como también el pragmatismo de los países del Asia, muchos de los cuales no les importó el gobierno militar existente, en particular los más gravitantes: Japón, China y Corea del Sur. De hecho, las relaciones de Chile con China establecidas en 1915, nunca se interrumpieron y fue el gobierno de Salvador Allende el que la reconoció a la República Popular China como la única China. Las relaciones consulares son de más larga data (1845), fundamentalmente debido al creciente comercio de Chile con China (5,6% del tráfico total del puerto de Valparaíso cuyas importaciones consistían en té y textiles y las exportaciones eran fundamentalmente cobre, al igual que hoy y otros numerarios como plata, oro, importándose más de lo que se exportaba) (5).  Con Japón, la vinculación es de larga data, cumpliéndose en septiembre de este año 110 años de relaciones diplomáticas bilaterales, un hito de gran importancia, si se considera que el tiempo y la larga amistad  son valores relevantes para el mundo asiático. Para esa fecha, se espera que el TLC esté ratificado por los respectivos Congresos, con lo que ambos países esperan no solamente aumentar el comercio, sino también mayor inversión, para lo cual se requiere elaborar proyectos, más allá de la inversión que tiene Japón en la industria pesquera y en la minería del cobre en Chile. Japón desea que Chile concretice su idea de servir como plataforma de América Latina al Asia.


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* Sub Directora del Instituto de Estudios del Pacifico de la Universidad Gabriela Mistral.












    Comentarios publicados



  • Escrito por paulina | 11/03/2011 07:59
    necesito ahora mismo la situacion a.latina con africa y asia pliss

  • Escrito por natalia rativa | 25/10/2010 08:04
    este es un exelente articulo

  • Escrito por moner | 22/04/2010 17:46
    esta suuuuuuuper chevere



 

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